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Te esperamos en Torremolinos, te esperamos en el Pasaje Begoña

Luis Jiménez Rubio.

Torremolinos es su nombre, Torroles para el malagueño, lugar de respeto, de libertad, donde caben todos los sueños. Hoy, confinado, he recordado un viaje que hice hace unos años a Venecia. La elección fue increíble, viajamos la semana después del puente de la Inmaculada a principios de diciembre y justo antes de la navidad. Nos encontramos, una ciudad que habitualmente vive llena de turistas prácticamente vacía, callejeamos duramente durante cuatro días, y aunque casi al final nos la conocíamos como nuestra casa, nos perdimos en varias ocasiones. Ello, nos introdujo en una Venecia que no tanta gente conoce, la de los vecinos y vecinas, hosteleros, artistas, estudiantes, residentes de 3ª, 4ª generación… una auténtica pasada.

Hoy en día esa ciudad tiene muchos problemas para encontrar un turismo sostenible, se divide entre los que viven del mismo y los que lo odian profundamente porque ven que su casa está llena de personas irrespetuosas, palos de selfie, etc. De aquel viaje aprendí que hacer turismo era mucho más que ver monumentos, que las calles, los residentes, están llenos de la esencia de un lugar, que a veces, como le dijo el sabio zorro al principito, “lo esencial, a veces, es invisible”. En este caso invisible a los ojos del turista…

En poco tiempo podremos volver a viajar, algo que muchos consideran superfluo e irrelevante con la que está cayendo (y lo entiendo), pero a mi juicio es tremendamente necesario. El turismo es, una forma de colonialismo moderno, y refleja unas desigualdades terribles. Pero, bien planteado, el turismo sostenible también es una manera de conocer, abrir tu mente, respetar, ser más tolerante, y en mi opinión, uno de los principales agentes pacificadores a nivel mundial en los siglos XX y XXI.

La situación derivada del Covid19, nos hará que probablemente, y sobre todo al principio, nos desplacemos menos. Tiene sentido, que hagamos turismo interior, no sólo por ser más seguro, evitarnos fronteras, tener las mismas normas que vamos a tener en casa, si no por solidaridad con nuestro tejido empresarial turístico. En pocos kilómetros, en España tenemos monumentos impresionantes de épocas tremendamente dispares, desde cuevas prehistóricas, hasta vestigios de 3.000 años de vida civilizada y sedentaria, territorios que son testigos de distintas civilizaciones que pasaron por aquí, de batallas, de intrigas, de alianzas, traiciones, de convivencia (a veces impuesta), pero sobre todo de diversidad.

Hoy nos vamos a centrar en Torremolinos, una ciudad que fue barrio de Málaga capital hasta 1988. ¿Se podría definir como municipio turístico? No se podría dejar de hacerlo, Torremolinos es junto a Marbella, la localidad con más plazas hoteleras de toda Andalucía.

Si nos preguntamos por qué tanta gente viene a Torremolinos dejaría tres claves, sol, libertad y diversidad.

Ponemos el foco en el Pasaje de Begoña, hubo una época que este lugar, que a simple vista y durante las horas del día no parecía especial, de noche se transformaba en sitio de culto, pero de culto a la libertad, al respeto y a la diversidad. Aún no había terminado la dictadura cuando gente de todos los lugares del planeta venía a respirar ese ambiente, a disfrutar, a bailar, a reir y a ser ellos mismos y ellas mismas. No importaba cómo vistieras, como te sentías, ni a quién amaras, el Pasaje Begoña acogía a todo el mundo. Allí se juntaba la nobleza internacional (lo que posteriormente se llamaba “la jet set”), con artistas conocidos mundialmente (Pia Beck, John Lenon, Brian Epstein, Grace Jones, etc) bohemios, literatos, y un largo etcétera de personas anónimas en busca de color, de música, de la última moda, de buen rollo y de libertad. En definitiva, la envidia de toda Europa.

Para el régimen dictatorial aquello no fue tan idílico, esa “libertad libertina e inmoral” era inadmisible para una dictadura, que ya tenía los días contados. Una noche gris, de San Juan, una macrorredada se llevó a casi 300 personas por delante, se apagaron la mayoría de las luces de los locales, y se borraron de aquel lugar y para siempre las sonrisas de paisanos y visitantes.

El Pasaje de Begoña, (hoy hermanado con el Stonewall Inn de New York) es considerado cuna de los derechos y libertades LGTBI en España. Su época de esplendor, pocas personas la recuerdan, pero quiénes lo hacen, siempre ponen brillo en la mirada, y una sonrisa de libertad.

Esta historia, ha sido rescatada por la Asociación Pasaje de Begoña y el equipo de investigadores de la red LIESS de la Universidad Pablo de Olavide. Fue impresionante escuchar los testimonios de hombres y mujeres libres, madres solteras, transformistas, mujeres cogidas de la mano, glamour y vanguardia, infinidad de detalles y secretos que nos animaron a poner en marcha las visitas guiadas por el Pasaje Begoña y por el resto de la ciudad.

Porque esta historia necesita ser contada, porque Torremolinos es mucho más que sol, playa y fiesta. Tiene detrás una inmensa historia de respeto, de convivencia y de diversidad que todo el mundo debe conocer.

Fue entonces y sólo entonces, cuando entendí, que aquél pequeño pueblo de pescadores que desde principios del pasado siglo, fue tan acogedor y tan respetuoso, era el epicentro de la diversidad a este lado del Atlántico. Y que Torremolinos a pesar de no tener un castillo, una catedral o grandes palacios históricos que visitar, tenía escondido el monumento más grande que cualquier municipio puede desear: el respecto profundo a la libertad, que todos somos libres e iguales con independencia de a quien amemos.

Te esperamos en Torremolinos, te esperamos en el Pasaje Begoña.

Luis Jiménez Rubio. Guía turístico y CEO de Explora Málaga.

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