Antecedentes. El valor simbólico del Pasaje Begoña

El Pasaje Begoña de Torremolinos es un lugar de Memoria Histórica y la Cuna de los Derechos y Libertades LGTBI según la declaración unánime del Congreso de los Diputados y del Parlamento de Andalucía.

Durante los años 60 y comienzos de los 70, Torremolinos tenía prestigio mundial como destino turístico. Entre miles de personas anónimas, las principales estrellas de Hollywood, intelectuales, políticos, escritores, miembros de la realeza europea, jefes de estado y celebridades de todo el mundo caminaban por nuestras calles. El atractivo de Torremolinos no sólo eran sus playas y el glamour de sus hoteles, fiestas y clubes nocturnos, sino también su atmósfera de libertad, diversidad y vanguardia.

A pesar de la represión que ejercía en España la dictadura de Franco, diversos factores como la entrada de divisas y el deseo de proyectar al mundo una imagen de modernidad, hicieron posible que Torremolinos alcanzara fama internacional como destino turístico durante la década de los 60, no sólo a nivel general, sino también para el colectivo LGBTI de la época.

Torremolinos -que en aquel entonces era un barrio de Málaga- pasó a convertirse por méritos propios en la cuna de la convivencia LGBTI. El Pasaje Begoña llegó a ser un referente absoluto de libertad y respeto a la diversidad. De hecho, en el entorno del Pasaje Begoña comenzaron a abrirse los primeros locales de ambiente homosexual de todo el país, donde acudían turistas de todo el mundo para disfrutar sin miedo de su orientación sexual.

La historia del Pasaje Begoña empieza en los últimos meses de 1962, cuando comienzan a abrirse los primeros locales de toda España frecuentados por personas LGTBI. En poco tiempo, el Pasaje Begoña se convirtió en el referente absoluto de libertad y respeto a la diversidad afectivo sexual. Fue uno de los mayores exponentes de la vida nocturna de Torremolinos y de toda la Costa del Sol.

Tarjeta de presentación de uno de los locales de ambiente del Pasaje Begoña

Personas anónimas de toda condición y clase social hacían de este emblemático lugar un espacio de convivencia y libertad inédito en aquella época. Eran auténticos héroes, personas valientes que acudían allí a pesar de la atmósfera de represión y de las posibles represalias.

Fotografía de Torremolinos Chic. En la imagen vemos a John Lennon con el Michael Crawford en uno de sus viajes a Torremolinos.

Fue tal la fama nacional e internacional que adquirió el Pasaje Begoña que allí era frecuente ver a personalidades de toda índole y orientación sexual paseando y conviviendo con respeto en diversidad: John Lennon y Brian Epstein, Manager de The Beatles; Pia Beck, afamada cantante y pianista holandesa de jazz, de fama internacional; Coccinelle, célebre transexual francesa; Amanda Lear, musa de Salvador Dalí; Helmut Berger, actor austriaco muy unido al director de cine Luchino Visconti y protagonista de muchas de sus películas; Luciana Paluzzi, actriz italiana y una de las primeras “Chicas Bond”; Grace Jones, cantante, compositora, supermodelo, productora y actriz jamaicana; celebridades españolas como Sara Montiel y Massiel, y un largo etc.

Testigos y supervivientes de aquella época dorada de Torremolinos y su famoso Pasaje Begoña, afirman rotundamente que no existía en el mundo un lugar tan maravilloso y diverso, en especial para el colectivo LGBTI, como el Pasaje Begoña de Torremolinos, una auténtica “isla de libertad».

La “gran redada”:

El 24 de junio de 1971, la policía del régimen franquista realizó una incursión brutal en el Pasaje Begoña de Torremolinos y las áreas circundantes.

Aquel lamentable acontecimiento, conocido como la «gran redada», fue ordenada por el entonces Gobernador Civil de Málaga, Víctor Arroyo.

Se identificó a más de 300 personas. Según las fuentes consultadas, 114 de ellas fueron arrestadas por el único delito de ser consideradas legalmente “peligrosos sociales”. Algunas de ellas fueron encarceladas, las personas extranjeras fueron deportadas.

El delito que habían cometido era «atentar contra la moral y las buenas costumbres», ya que la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social -vigente en aquella época- consideraba delito la homosexualidad y castigaba a las personas homosexuales incluso con
pena de prisión.

A todas las personas identificadas les fue abierto un expediente policial y se les amenazó con estar “bajo vigilancia de las autoridades”. Esto suponía consecuencias aún peores en caso de ser detenidas de nuevo porque ya serían “reincidentes” y con antecedentes por «conducta inapropiada».

¿Qué consecuencias tuvo la “gran redada”?

Como resultado de esta redada, muchos de los locales del Pasaje Begoña y alrededores, generalmente frecuentados por homosexuales y trans, fueron multados y clausurados. La mayoría de ellos quedaron incluso cerrados para siempre. Esta incursión cruel tuvo un gran impacto en la prensa internacional, y muchos aseguran que Torremolinos nunca volvió a ser el mismo lugar; aquella gran redada marcó el inicio de la decadencia de este municipio como destino turístico durante un largo período de tiempo.

La dictadura franquista tuvo el firme propósito de eliminar todo rastro de lo que supuso el Pasaje Begoña para el colectivo LGTBI: el espíritu de convivencia en paz, su atmósfera de diversidad y vanguardia, y los aires de libertad inéditos en esa época. Por eso, y por otras muchas similitudes decimos que el Pasaje Begoña es nuestro olvidado Stonewall Inn*

*El Stonewall Inn es un bar de ambiente gay de Nueva York, muy recordado porque allí tuvo lugar, el 28 de junio de 1969 la famosa redada contra los homosexuales y que significó el comienzo del movimiento de liberación LGBTI en todo el mundo. Este negro capítulo de la historia dio origen a la celebración del Día Internacional del Orgullo Gay, actualmente extendido a todo el colectivo LGBTI.

 

 

Recogemos el testimonio de una persona que vivió la gran redada. Su nombre es José Luis Yagüe, e hizo las siguientes declaraciones para la Web Torremolinos Chic.​

«La tarde antes, la mujer del gobernador, con unas amigas, habían ido de visita a Torremolinos y de pronto se vieron en medio de aquel deslumbrante ambiente del Pasaje Begoña, con pubs y bares de luces de colores, chicas llamativas y un ambiente que la señora no podía ni imaginar. A toda prisa regresó al Palacio de la Aduana, donde residía el Gobernador Civil y le llenó la cabeza de tal manera que, ni corto ni perezoso, organizó una redada en toda regla enviando a Torremolinos a aquellos camiones grises de la Policía Armada, los autobuses y todos los vehículos de que disponían, incluyendo los municipales.Fueron cientos, quizás más de 400 los detenidos y como no había calabozo disponible, los llevaron al callejón lateral que subía desde el antiguo Correos en el Paseo del Parque, hacia la calle Alcazabilla.

Cruzaron los camiones y allí tuvieron a los detenidos horas y horas, hasta que la presión internacional acabó con aquel disparate.

Dos reporteros del Diario Sol de España grabaron en aquellos magnetófonos tipo caja de zapatos de la época, los testimonios más impresionantes del maltrato recibido. Les fueron confiscados. Pero escribieron su crónica, que yo supervisé y alenté como responsable, en aquellos momentos, de la Redacción que el Diario Sol de España, tenía en el primer piso de la Alameda Principal.

Los testimonios de aquellos dos reporteros que vivieron la violencia con que los grises actuaron, eran espeluznantes. Su gran delito fue que estaban disfrutando de la música, de la bebida, de las chicas o de los chicos y del ambiente fantástico que en el Pasaje Begoña y también en sus alrededores existía. Pero aquel disfrute, había escandalizado a la señora del Gobernador…».