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“Nosotros y los otros”

Jesús Ignacio Delgado Rojas.

El otro no es alguien de los nuestros. Al otro se le construye por exclusión del nosotros. El nosotros es hegemónico, y la otredad es lo arcano, lo distante, lo distinto. Al otro lo elabora y lo redefine un nosotros desde sus parámetros de división y diferencia, con pretensión de alejarlo de su grupo, de la norma, de la mayoría. El nosotros rechaza al otro y lo oculta, lo niega y, si puede, lo elimina.

El nosotros está dispuesto a delatar la diferencia para invisibilizarla. Aunque parezca una paradoja así ocurre: se resalta lo distinto para acabar con ello. Primero se hace ver, se saca a la luz, se destaca, se resalta, se le apunta con el dedo, para luego esconderlo.

Visibilización y ocultamiento son las dos trampas de un nosotros que previamente delata a otros para negarlos después. Así ocurrió en el Pasaje Begoña y su gran redada: la delación puso en el centro de mira a los otros diferentes, a los distintos, diversos. Los puso en el ojo de todas las miradas de la vergüenza, resaltó sus diferencias con la norma para, en seguida, rebajarlos a la nada, humillarlos, encarcelarlos.

Las teorías sobre el detonante que ocasionó la redada del Begoña aún siguen sin esclarecerse: y van desde las hipótesis más conspiratorias -pero posibles- que señalan a un hijo “mariquita” que tenía el gobernador civil de la provincia al que su padre quiso dar un escarmiento, hasta las tesis más políticamente correctas que apuntan a un “cansancio” del franquismo de lo que allí ocurría que obligó a dejar de mirar para otro lado. La delación de los otros también fue lo que ocurrió en el caso de James Pratt y John Smith, últimos ejecutados por sodomía en Inglaterra. Dos otros a los que hoy, 27 de noviembre de 2020, estamos homenajeando por el 185 aniversario de sus fallecimientos.

Para el procesamiento por sodomía se requería la denuncia por parte de testigos que hubieran presenciado la comisión del delito. La principal dificultad que arrastraba la legislación era, precisamente, encontrar dichos testigos, ya que el delito se solía cometer en la intimidad y sin presencia de más personas.

Pero la ley entendía cometida la infracción no únicamente por ocurrir en un lugar público, sino también por la mera presencia de aquellos que, sin estar involucrados en el acto, hubieran tenido conocimiento de ello. Pratt y Smith fueron descubiertos por el portero del edificio donde estaba la habitación en la que mantuvieron relaciones sexuales.

El portero se subió a una terraza del edificio de enfrente y pudo ver el coito tras la ventana. Volvió a su edificio y espió, junto a su esposa, tras la cerradura del apartamento. Avisó a la policía y Pratt y Smith fueron detenidos, ya que el portero y su esposa pudieron reputarse como los testigos competentes que la ley requería para enjuiciarlos. Pratt y Smith fueron ahorcados en la prisión de Newgate la mañana del 27 de noviembre de 1835.

El nosotros, erigido en voz de la mayoría, delata lo que entiende como un comportamiento deleznable cometido por otros. Después de ponerlos ante la mirada inquisitoria de la sociedad, mediante una redada o una delación, se les condena al ostracismo, a alguna cárcel, o directamente a la horca, al olvido. La condena es la invisibilización.

En estos 185 años desde la ejecución de Pratt y Smith, que hoy recordamos, ha habido notables avances. Pero sigue habiendo redadas, como la del Begoña, que aunque menos extraordinarias, siguen silenciado las voces de otros. Ojalá algún día no haya un nosotros y unos otros, sino un todos.

Jesús Ignacio Delgado Rojas. Profesor de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III.

Ilustración cedida por Juan Antonio Fra Medina.

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