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Memoria LGTBIQ+ y espacio público

Rafael Pérez Ariza.

La comunidad LGTBIQ+ carece de referentes propios, no existe una educación pública y accesible sobre la historia de la conquista de los derechos LGTBIQ+, en cambio sí se reproducen discursos de odio y se ejerce violencia contra dicha comunidad cuando ocupa el espacio público, de esta preocupación nace este artículo síntesis de mi Trabajo Fin de Grado en Estudios de Arquitectura “Tipos Raros”, con el objetivo de dar a conocer nuestros propios referentes históricos y obtener de ellos herramientas útiles para construir espacios públicos de identidad y de libertad. Acompáñanos a leer la historia del Pasaje Begoña, declarado lugar de memoria histórica LGTBI desde 2019.

Uno de los primeros espacios públicos de libertad se da en el municipio malagueño de Torremolinos, el cual sufre una transformación sin precedentes a partir de 1959, cuando se produce la apertura de España al extranjero tras un periodo autárquico y una profunda crisis económica. Esta apertura conlleva el boom turístico, y la llegada de los primeros turistas, intelectuales, bohemios, hippies y artistas crea un ambiente permisivo, de libertad dentro de la dictadura franquista, transformando un pueblo dedicado a la pesca en una ciudad dedicada al hedonismo. Donde la potente imagen de pueblo andaluz con casas bajas encaladas entre huertas, se transforma y permea en las nuevas construcciones modernas, que son principalmente hoteles y edificios de apartamentos. Este conjunto de nuevas construcciones es de alto valor arquitectónico e histórico, propuestas que recuerdan a proyectos utópicos de Le Corbusier, inspiraciones en Torres Blancas de Sáenz de Oiza y reinterpretaciones de la propia arquitectura tradicional de pueblo andaluz. La mayoría de estas arquitecturas carecen hoy día de protección suficiente por parte de instituciones y administraciones públicas, provocando un deterioro que desdibuja su imagen original, olvidando su valor como las primeras arquitecturas referentes de una ciudad moderna y hedonista donde todo es posible.

La población disidente encuentra un refugio donde puede empezar a socializar con libertad en los locales de ocio nocturno, bares y discotecas, del Pasaje Begoña de Torremolinos, gracias a un periodo de cambio sociocultural concreto, un momento de exploración de nuevos modos de vivir más contemporáneos, y a una arquitectura rara cuyas cualidades espaciales favorecen la irrupción de la comunidad LGTBIQ+ en el espacio público.

Primeramente, una de las razones por las cuales existe este espacio de libertad es la permisividad del régimen franquista, que es debida a la necesidad de exportar internacionalmente la sociedad española con una imagen de modernidad, en un lugar con un clima excelente y un paisaje rural de pequeños pueblos andaluces entre la montaña y la costa, que nada tienen que ver con otros destinos internacionales, es por esto que se crea una marca turística, la Costa del Sol y el eslogan “Spain is different”. Dicha modernidad choca frontalmente con la dictadura fascista del régimen franquista y los valores del nacionalcatolicismo que esta defiende, pero el turismo significa la entrada de divisas en el país y una forma de reactivar la economía, por lo que al obtener beneficio del turismo el régimen es permisivo con las formas de vivir que traía consigo.

Por otra parte, la razón de que sean estos edificios los que acogen este espacio de libertad son sus características y cualidades arquitectónicas, las nuevas arquitecturas modernas tienen en común lo siguiente, los exteriores tienen un lenguaje moderno, pero los interiores son una mezcla de todos los procesos que está sufriendo la ciudad, donde no se renuncia a nada, ni a lo moderno ni a lo vernáculo. Y entre los interiores y exteriores hay espacios ambiguos destinados al disfrute, terrazas, piscinas y jardines que buscan el contacto con el paisaje, y locales de fiesta, pubs y discotecas que buscan el contacto con los demás, con el otro.

Entre las características y cualidades concretas del edificio Begoña destaca el pasaje en forma de L que lo atraviesa, y el corredor descubierto en planta primera, alrededor de ellos se distribuyen los locales comerciales y encima de estos los apartamentos. Este elemento pasaje es una mezcla entre la tipología de pasaje comercial y la tipología de patio de corrala de vecinos, así la centralidad del patio, con la direccionalidad del pasaje, crea un espacio ambiguo tanto de tránsito como de estancia. El patio de vecinos es lo común, lo conocido, la tradición, mientas que el pasaje es la modernidad, la posibilidad de lo nuevo, la experiencia contemporánea. La densidad y escala de los locales, de tamaño reducido, estrechos y cuya única salida es al pasaje, hace que el roce inevitable genere la interrelación de iguales, y se genera así un lugar público, pero protegido, de reunión. De este modo el valor del Edificio Begoña es la macla de dos realidades, ser una pieza arquitectónica que sintetiza y ejemplifica los dos tipos de ciudad y de sociedad que se están superponiendo en la Costa del Sol durante la década de los 60s, y reflejar el poder de la arquitectura para alentar cambios sociales.

Además, la herramienta para hacer propios estos espacios del disfrute es el mestizaje a través de la estética, de este modo lo vernáculo aparece para diluir un lenguaje arquitectónico rígido y rotundo. Las personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ habitan, trabajan y regentan los negocios del Pasaje Begoña, donde se expresan y relacionan libremente, la estética es la herramienta para apropiarse tanto del edificio como del espacio público del pasaje, papel de paredes, flores, brillos, reminiscencias de la arquitectura vernácula, y copia de todo lo moderno que llega del extranjero. Un espacio de mezclas en el que se entrelazaba lo castizo y la vanguardia, personajes icónicos de la época desde John Lennon a Sara Montiel.

La construcción de tipologías que recuerdan a la arquitectura vernácula es la que dota de autenticidad la llegada del movimiento moderno a la Costa del Sol. Y esta arquitectura favorece vínculos sociales y afectivos, creando tejido urbano, con un rico gradiente público-privado, y la estética propicia un sentimiento de identidad y comunidad LGTBIQ+ que por primera vez traspasa el umbral hacia lo público.

Finalmente, aunque las redadas donde se detiene a homosexuales que normalmente son liberados al día siguiente son frecuentes, no son suficiente para un sector conservador de la capital malagueña, que denuncia que Torremolinos se ha convertido en un foco de perversión. Así las presiones conservadoras provocan la conocida como “gran redada” que se lleva a cabo el 24 de junio de 1971, donde se detiene a más de 139 personas, amparados en la “Ley de peligrosidad y rehabilitación social” que se utiliza para arrestar y castigar a la población LGTBIQ+, tras esta redada se expulsa a los extranjeros del país, se clausuran y multan muchos de los locales del Pasaje Begoña y alrededores. Diversas embajadas internacionales protestan frente al gobierno español y la noticia llega a periódicos internacionales diciendo lo siguiente: “Los vacacionistas, entre ellos muchos alemanes, fueron víctimas de un «plan gubernamental para la restauración y limpieza de lugares con una atmósfera dudosa en Torremolinos», que se supone que protege los modales locales de la avalancha de formas de vida extranjeras. El gobernador civil responsable de Málaga desea que los hippies, los traficantes de drogas y las personas con hábitos de amor flojos arrastrados por la ola del turismo de masas en la Costa del Sol ya no tengan un hogar allí” (periódico alemán “Espiegel”, 5 de julio de 1971). La imagen internacional de ciudad de libertad no se recupera jamás.

Actualmente, la “Asociación Pasaje Begoña” trabaja para poner en valor los hechos que allí ocurrieron y traspasarlos a las nuevas generaciones, porque esta historia de memoria LGTBIQ+ tiene enorme vigencia en la actualidad, puesto que aún se ejerce violencia contra la comunidad LGTBIQ+ cuando ocupa el espacio público, por ello debemos crear comunidad e identidad, contarnos nuestras historias para aprender de nuestros referentes históricos y generar discursos de libertad para ocupar nuestro espacio en la ciudad y en sus procesos.

Rafael Pérez Ariza, arquitecto.

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